La educación es un proceso continuo y en permanente cambio.
Las tecnologías ubicuas aportan medios para la interacción actual y continua entre los alumnos, espacios de trabajo y escuela.
La escuela debe enseñar a utilizar herramientas para elegir las opciones más adecuadas en el mundo que los rodea.
Desde mi función, como directivo, ubico el pensamiento de Burbules, como esencial producto de un conocimiento significativo, donde el alumno joven, adolescente pueda poner inmediatamente en práctica el conocimiento del cual se apropió con ayuda de la tecnología.
Es fundamental destacar el "saber" del alumno actual, y poder utilizarlo para aprender colectivamente. A partir de mi rol, sugiero motivar a los docentes a "aggiornarse", siguiendo el avance de sus propios alumnos, ocupando el lugar de coordinador o facilitador del aprendizaje.
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